La mujer de Shenzhen sorprendió al mundo al vender 20 iPhone 7 y usar el dinero como enganche para su casa en el campo
En octubre de 2016, una historia extraordinaria sacudió las redes sociales chinas y luego dio la vuelta al mundo. Se trataba de una joven de Shenzhen, conocida únicamente como «Xiaoli», que consiguió que 20 hombres distintos, todos sus pretendientes, le regalaran el entonces recién lanzado iPhone 7. Lo impactante vino después: en lugar de conservarlos o revenderlos por separado, los reunió y los vendió de una sola vez a la empresa de reciclaje Hui Shou Bao, logrando embolsarse la suma de 120,000 yuanes chinos, alrededor de 17,700 dólares estadounidenses. Con ese dinero, Xiaoli dio el enganche de una casa en el campo, convirtiéndose en protagonista de uno de los relatos más comentados de aquella década.
La historia se conoció gracias a la publicación de una compañera de trabajo, bajo el seudónimo “Proud Qiaoba”, quien compartió en la red social Weibo: “Todos en la oficina están hablando de esto… quién sabe qué piensan ahora sus novios”. La anécdota se viralizó de inmediato, y pronto los medios internacionales comenzaron a replicarla, generando un debate mundial que superó cualquier expectativa.
Lo que parecía un simple caso anecdótico sobre una mujer con muchos novios pasó a convertirse en un espejo de las tensiones sociales de la China moderna. El acceso a la vivienda en grandes ciudades como Shenzhen se había vuelto cada vez más inaccesible para los jóvenes. La presión por adquirir una propiedad se mezclaba con las expectativas sociales sobre el éxito personal, el matrimonio y la seguridad económica. En ese contexto, la decisión de Xiaoli fue interpretada por algunos como una jugada ingeniosa y pragmática, mientras que otros la criticaron como un ejemplo de oportunismo calculado.
El gesto de vender 20 iPhone 7 representaba más que una transacción económica: fue la materialización de un deseo profundo de estabilidad en un país donde los precios inmobiliarios crecen a un ritmo vertiginoso. Shenzhen, uno de los polos tecnológicos más importantes de China, es también una de las ciudades más caras. Para muchos jóvenes, el sueño de tener una casa propia resulta casi imposible sin apoyo familiar. Xiaoli rompió ese paradigma de una forma que, aunque polémica, la convirtió en un símbolo de ingenio y determinación.
Los debates en redes sociales chinas se dividieron en varios frentes. Algunos elogiaron la audacia de Xiaoli, viéndola como una mujer que aprovechó los recursos disponibles para alcanzar un objetivo concreto: asegurar un lugar donde vivir. Otros, en cambio, consideraron que se trataba de un caso de manipulación emocional, acusándola de haber jugado con los sentimientos de 20 hombres para obtener un beneficio material. La polarización en los comentarios reflejaba, de fondo, la incomodidad que genera hablar de poder, dinero y relaciones en una sociedad que se mueve rápidamente hacia la modernidad.
El hecho de que la empresa Hui Shou Bao confirmara a la BBC que efectivamente compraron 20 iPhones a una sola vendedora, reforzó la credibilidad de la historia y alimentó aún más las discusiones. Los medios internacionales como TIME, South China Morning Post y Vice News no tardaron en recoger la noticia, ampliando el debate a un público global. La pregunta que se repetía era: ¿qué revela este caso sobre el valor que se le da al amor, al dinero y a la estabilidad en el mundo actual?
Más allá de la polémica, lo cierto es que Xiaoli logró lo que millones de jóvenes chinos soñaban en ese momento: tener un pie en el mercado inmobiliario. Su método fue insólito, pero el resultado fue tangible. La mujer de Shenzhen convirtió 20 regalos en un patrimonio, uniendo dos símbolos de la modernidad —los teléfonos inteligentes y la vivienda— en una sola historia que todavía se recuerda.
Lo fascinante de este relato es que conecta con una verdad universal: en tiempos de presión económica, cada persona busca estrategias distintas para alcanzar seguridad. Para algunos, esa búsqueda puede parecer injusta o calculadora, para otros, simplemente una muestra de determinación en un mundo competitivo. La viralidad de la historia de Xiaoli no solo se debió a lo inusual de su plan, sino también porque encendió una conversación sobre prioridades, amor y supervivencia en el siglo XXI.
A casi una década de distancia, la anécdota sigue citándose como uno de los episodios más curiosos y reveladores sobre la relación entre tecnología, dinero y afecto en la sociedad moderna. La mujer que vendió 20 iPhone 7 para comprar una casa se convirtió, sin proponérselo, en un símbolo de ingenio, controversia y debate global.